Zapata, Luis

Había nacido de una familia de cortesanos y de altos funcionarios, procedentes de Calatayud en Aragón que, sin alcanzar títulos nobiliarios, sí obtuvieron muchas mercedes y privilegios de los reyes a los que sirvieron. Su abuelo fue don Luis Zapata, consejero de los Reyes Católicos, encargado de recopilar las Leyes y Privilegios de la Mesta y las Leyes de Toro. Fue quien recogió el testamento del rey Fernando moribundo, en el pueblo de Madrigalejo en Cáceres. Después de algún tiempo fue asimismo alcaide de la fortaleza de Santa Cruz del Mar Pequeña, en el litoral atlántico de África. Su padre fue don Francisco Zapata, hombre de armas que ayudó al emperador Carlos en varias de sus campañas en España,lo que le valió varios señoríos. Entre sus títulos le gustaba usar el de Comendador de Hornachos, caballero como era cumplidor de la regla de Santiago. Fue alcaide de la fortaleza de Reina en Llerena, señor de los lugares de Cebel, Polopos, Albuñol, La Rávita, y Castildeferro en el recién conquistado reino de Granada; propietario de tierras en Castilla; y tenía también un tercio en el estanco de la almoa de Sevilla.

Nació Luis Zapata en Llerena en 1526. Residió en la ciudad natal hasta los nueve años que pasa a Valladolid, residencia de la Corte, como paje de la emperatriz Isabel de Portugal. Esta posición le valió una educación extraordinaria, iniciándose en conocimientos que luego le serían de importancia a la hora de escribir pues, además de aprender esgrima y a montar y cazar, se le proporcionaron estudios de latín, gramática, idiomas y un profundo conocimiento de los clásicos. En 1539 pasa a ser paje del príncipe. A los trece años el emperador le hizo merced del hábito de Santiago, esto le obliga a residir en el conventual de Uclés hasta que profesa el dos de junio de 1541, señalándosele una renta anual de doce mil maravedises.

La muerte del padre, sucedida en 1544, le abre a Luis Zapata un nuevo camino de prosperidad que facilita su vida cortesana y su aficción a juegos de caña y toros y a la práctica de la caza. El emperador le concede la alcaidía de la fortaleza de Reina en Llerena mediante una provisión expedida en Colonia en agosto de 1546. Esto le supone una nueva renta anual de veinte mil maravedís y doscientas fanegas de trigo. Se le podía considerar un hombre rico. En su vida cortesana era un hombre presumido, muy preocupado por cierta tendencia al exceso de peso que combatía con disciplina. Presuntuoso con sus buenas dotes en los juegos de caña y corridas de toros. Era un excelente cazador y no se preocupaba de ocultarlo; como experto en la materia escribe un Libro de Cetrería.

Cuando don Luis contaba veintidós años, en 1548, va a tener la fortuna de poder acompañar al Príncipe Felipe en su viae por Europa. Quiso el emperador Carlos que su hijo y sucesor conociese los Estados que iba a heredar y don Luis acudió en su séquito. Recorrieron Italia, los Países Bajos y Alemania. Como él mismo reconoce, ese viaje le dejará siempre un recuerdo agradable, siendo uno de los hechos fundamentales de su existencia.

Se casó a los treinta años, en 1556, con doña Leonor de Portocarrero, hija de los condes de Medellín. Entonces vuelve a Llerena y reside allí, atendiendo a su alcaidía y a sus bienes, pero queda viudo dos años después, al morir la esposa en el parto de su único hijo. Parece que la muerte de su mujer le dejó sumido en una gran tristeza y se traslada a Sevilla, ocupándose de sus intereses en el monopolio de la fabricación de jabón, que también había heredado. Su segundo matrimonio tiene lugar en 1562, con doña Leonor de Ribera. Era ésta pariente de San Juan de Ribera y descendientes ambos, como establece Terrón, del Adelantado Mayor de Andalucía Perafán de Ribera.

A pesar de su fortuna y del ingreso regular de dinero que le producían sus rentas, don Luis fue un hombre lleno de deudas. Era un derrochador que anduvo siempre entrampado. Dejó de cumplir con las cargas de las obras pías encomendadas en el testamento de su abuelo. Estaba tan empeñado que eran otros los que cobraban sus rentas. Este desarreglo no pasaba desapercibido para la Orden de Santiago, que no toleraba conductas contrarias a su Regla y que se podían tildar de escandalosas.

Los años que pasó don Luis entre su primer y segundo matrimonio fueron de completa satisfacción. Había adquirido el señorío de Jubrecelada en 1569, terrenos desvinculados de la Orden de Santiago y vendidos a Zapata a buen precio. Era lugar que le gustaba para cazar y pasear. Y cuando quería mayor diversión acudía a Sevilla. Apenas perturbaba la vida del caballero ninguna preocupación, y este estado de tranquilidad se extendió en los años que siguieron a su matrimonio con Leonor de Ribera, hasta que su desgracia llegó en 1566.

En ese año es apresado por orden del re y llevado al encierro en la fortaleza de Segura de la Sierra. La orden fue severa para un caballero como él, conocido de cerca del rey, con quien compartió juventud y viajes, y suponía la pérdida del hábito de Santiago en una ceremonia humillante de degradación. Fue una prisión atenuada que le permitía ciertas ventajas como, por ejemplo, comer de lo que le llevaban y, posiblemente, salir en algunas ocasiones. También autorizó el rey que le sirvieran dos mujeres, criadas de doña Leonor. No se conoce la causa de su encierro. Se habla genéricamente de deshonor a la Orden. Ello debe incluir su comportamiento desordenado en el aspecto patrimonial. Pero debió existir alguna otra causa escondida en la fórmula. Tal vez escándalos con mujeres principales, tan desagradables para el rey Felipe; quizás una muerte. El hecho castigado debió ser grave porque el encierro duró en exceso. En 1569 es trasladado a Hornachos, consintiendo el rey que le acompañen su mujer y su hijo. A los diez meses se autoriza su traslado a la fortaleza de Valencia de la Torre, muy próxima a Llerena, donde permanecerá cerca de veinte años.

Don Luis va a pasar en prisión casi un cuarto de siglo. Alcanza la libertad con sesenta y tres años, una edad avanzada para seguir disfrutando de correrías y juegos atléticos. Su situación económica es mala: le sobran los pleitos y hasta reclama a su propio hijo los atrasos no cumplidos de las cesiones de sus propiedades en Granada. Todavía hará algunos viajes a Granada y Lisboa. En 1592 el rey Felipe II, tal vez para desagravio, le nombra regidor de Mérida. Desde allí viajará con frecuencia a Talavera de la Reina y Toledo, y no descuidará sus cosas de Llerena.

Menéndez Pidal da por fecha de su muerte 1594 o principios del año siguiente. Terrón Albarrán la fija entre julio y octubre de 1595.